CONVIRTIENDO LA SOBRIEDAD EN UN ARMA - FLOWER BOMB


 CONVIRTIENDO LA SOBRIEDAD EN UN ARMA
· Anarquía feral contra la · cultura de la intoxicación


"En esta cultura automatizada, nos hemos acostumbrado a vernos como simples máquinas para operar: agregar el producto químico apropiado a la ecuación para conseguir el resultado deseado. En nuestra búsqueda de la salud, la felicidad, el sentido de la vida, hemos corrido de una panacea a otra -viagra, vitamina C, vodka - en vez de acercarnos a nuestras vidas holísticamente y dirigir nuestros problemas hacia sus raíces sociales y económicas. Esta lógica orientada al producto es la base de nuestra alienada sociedad de consumo: ¡Sin consumir no podemos vivir! Intentamos comprar la relajación, la comunidad, la autoestima ¡ahora incluso el éxtasis viene en una píldora!"
- Anarquía y Alcohol (Colectivo CrimethINC.)

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En la sociedad en la que vivimos es difícil no sentir una necesidad constante y creciente de apagar nuestros sentidos o, al menos, de apartarlos de todos aquellos pensamientos que nos saturan la cabeza y el corazón. Deudas, jornadas de trabajo extenuantes o alienantes, interacciones vacías o superfluas, falta de motivación, apatía, estímulos repetitivos, ocio programado que nos aleja en lugar de llevarnos a acercarnos, falta total de una conexión emocional o física con nuestro entorno (cada vez más apartadxs de la naturaleza y sus sensaciones, sonidos, ciclos...) y con el resto de personas que nos rodean (cada vez más inmersxs en una sociedad que construye sus vínculos mediante aplicaciones de mensajería instantánea pero teme mirarse a los ojos), y la frustración permanente de una existencia pasiva donde la única satisfacción a la que se nos permite aspirar parece ser la que proporciona el placer efímero y momentáneo de las actividades relacionadas con el consumo y la ostentación (que ya sean de sustancias psicoactivas, objetos y mercancías muertas o de cuerpos, relaciones líquidas o "emociones fuertes", siempre dejan tras de sí un gran vacío), dibujan los contornos de una vida insoportable. Es comprensible entonces que haya personas que busquen desesperadamente una escapatoria, aunque sea breve, diversión, alteraciones en su sistema nervioso o en su actividad cerebral, cualquier cosa con tal de evadirse momentáneamente de esta fúnebre monotonía. No podemos juzgarles y desde luego rechazamos aquellos discursos que culpan a las personas por sus adicciones o por sus miedos, por su incapacidad para lidiar sobrias con tanta presión o por su vulnerabilidad ante el bombardeo de imágenes y mensajes que nos incitan compulsivamente a entregarnos a una u otra distracción o foco de alienación. Además, entendemos que cada persona escapa a sus ansiedades y a su desesperación como buenamente puede y no somos nadie para juzgar ni queremos asumir el rol de jueces. En lugar de eso, preferimos canalizar nuestras energías hacia otras cosas más positivas como cuestionar nuestros propios hábitos y dependencias, y armar la crítica para ayudar(nos) a recapacitar y a pensar en el tipo de comunidades que estamos construyendo, las cadenas que nosotrxs mismxs reforzamos, y las alternativas que existen. 

Lo que aquí presentamos es un aporte más en esa dirección, que hemos traducido del texto en inglés publicado por les compañerxs de Warzone , editora anarquista de los EE.UU., afín a la ecología radical y la ética antiespecista, y que cuenta con varios textos editados sobre la lucha contra la cultura de la intoxicación desde una perspectiva revolucionaria y libertaria. La intención con esta publicación, repetimos, no es hacer que nadie se sienta juzgadx, sino aportar ideas y herramientas para la crítica, útiles para quien desee cuestionarse este tipo de cadenas y continuar avanzando hacia la liberación total. 

Queremos la destrucción de un mundo injusto basado en la explotación de muchxs para el beneficio de unxs poquxs, y que primero nos roba la sabiduría y las bases para entender nuestro sufrimiento o nuestras necesidades vitales o emocionales y luego nos hace sentirnos culpables por los efectos que tiene sobre nuestra salud física y mental la mierda de vida que sus grises estructuras nos obligan a llevar, para rematarnos intoxicándonos con sus drogas, sus psicofármacos y su narcisismo multimedia. 

Queremos ver ardiendo las ciudades que nos entristecen y deshumanizan, las fábricas que convierten en humo los bosques y montañas y que nos roban el agua, la tierra o el aire limpio para que podamos seguir teniendo absurdas comodidades tecnológicas que no nos hacen felices, las prisiones que encierran a quienes se rebelan contra su norma o contra su moral, las infraestructuras que hacen funcionar toda su maquinaria. Para eso, necesitamos una mente despejada y unas manos inquietas. Cada une a nuestro ritmo y bajo nuestras propias dinámicas y responsabilidades, esperamos avanzar, juntes o por separado, hacia esta meta, aliándonos en las complicidades, en la rabia y en los afectos contra este sistema que sólo nos deja dos opciones a elegir: anestesiarnos o morir.

Porque no hay droga más adictiva que la adrenalina de la acción, armemos nuestras negaciones. Que se extienda la revuelta.



CONVIRTIENDO LA SOBRIEDAD EN UN ARMA

 

Anarquía feral contra la cultura de la intoxicación "Fuimos inducidxs a beber, yo entre el resto, y cuando las vacaciones se acabaron todxs nos tambaleamos por nuestra inmundicia y, revolcándonos, tomamos un largo respiro, y nos fuimos a nuestros diversos campos de trabajo, sobre todo sintiéndonos bastante encantadxs de ir a donde nuestros amos artísticamente nos habían engañado para ir, con la creencia de que eso era la libertad, de vuelta otra vez a los brazos de la esclavitud. No era lo que habíamos tomado para serlo, ni lo que habría sido si no hubiésemos abusado. Se trataba de que era igual ser esclavo de un amo que ser esclavo del whiskey y del ron. Cuando el esclavo estaba borracho el esclavista no tenía miedo de que pudiese planear una insurrección, o de que pudiese escapar hacia el Norte. Era el esclavo sobrio, pensativo, el que fue peligroso y necesitó la vigilancia de su amo para mantenerle como un esclavo."
 – Frederick Douglass


La cultura de la intoxicación proporciona un entorno social normalizado para el escape tóxico. Esta forma específica de escapismo se centra en el abuso de sustancias y la embriaguez como métodos preferidos para aliviar el estrés emocional. A medida que la miseria de la esclavitud asalariada y la monotonía de la sociedad industrial crean un deseo temporal de escapar, la adicción es explotada para ganar capital. Esta motivación de lucro fabrica un paisaje para el ánimo (ya sea a través de la publicidad de las corporaciones o de las tradiciones sociales) la cual refuerza la cultura de la intoxicación como una norma social. 

Yo he visto cómo la cultura de la intoxicación expande su esfera de influencia con la ayuda de la presión de grupo y de la propagación de la intoxicación vista como una actividad social placentera. Las realidades de adicción y muerte son a menudo excusadas tras la fachada de la glorificación o descartadas como meros “casos extremos”. Además, la red interconectada de sobredosis de drogas, adicción a la nicotina y alcoholismo hace malos puntos de venta. Para aquellxs que más se lucran con los productos que conllevan unas tasas de adicción más altas, la cultura de la intoxicación es una tienda de comestibles del beneficio, con una variedad de productos y marcas. Sus miembros se multiplican por un deseo de escapar así como también animadxs por la intoxicación como una forma de actividad social positiva. Y porque la cultura de la intoxicación existe en la sociedad como una fuerza socialmente dominante, el aislamiento social se convierte en una condena para muchxs que eligen permanecer sobrixs. Una prueba de ésto se puede ver en lo común que se ha vuelto la cultura de la intoxicación dentro del ambiente anarquista, y en que existan tan pocas redes de apoyo para personas sobrias. Esto hace que socializar sea más difícil para les anarquistas que están combatiendo la adicción personalmente, quienes luego recaen debido a un apoyo inadecuado a su sobriedad por parte de amigues y del entorno social. Aquellxs que intentan superar una adicción a menudo se encuentran escogiendo entre una recaída socializada o una recuperación aislada. 

Como anarquista, reconozco la relación entre el capitalismo, la cultura de la intoxicación y el Estado que meramente existe como una agencia que busca su regulación y dominación más que su eliminación. La “guerra contra las drogas” demuestra no ser nada más que una excusa para encarcelar individuxs siguiendo criterios racistas2 . La cultura de la intoxicación a menudo se convierte en un arma principal para desmantelar movimientos mientras que sirve sistemáticamente como una forma de control social y distracción. El capitalismo requiere la subyugación total de la sociedad de masas, empezando por el individuo. A nivel individual, ésto incluye – pero no se limita a – el sentimiento de inferioridad interiorizado, la autodestrucción y el desempoderamiento. 

Es por estas razones que permanezco sobrio como una forma individual de negación del orden social de la intoxicación. Como anarquista, veo el straight-edge como un arma contra el intento del Estado de hacerme caer en una trampa de distracciones y autodestrucción tóxica. Mi sobriedad significa anticapitalismo: un molotov lanzado contra un coche de policía que pasa, un incendio que engulle un distrito financiero, un disturbio más allá de toda mesura. 

Mi straight-edge es anarquista, en el nivel individual de reclamar y convertir en armas mi mente y mi cuerpo. Esto incluye mi capacidad para comunicarme sin la mediación de la embriaguez o de otros estados alterados. Quiero explorar interacciones sociales que florezcan y desafían los obstáculos de la ansiedad social sin la mediación política de la intoxicación. En la sobriedad, el miedo que mantiene como rehenes a las emociones puras es un miedo socialmente condicionado por la desconexión social y la alienación civilizada. Por muchas razones diferentes contextuales a cada individux, la mayoría de las personas son tímidas cuando se reúnen o interactúan con otrxs por primera vez, pero ésto permite iniciar un proceso de construcción de confianza y de lazos, dos cosas que son acortadas o eliminadas cuando están presentes sustancias que alteran el estado mental. La intoxicación, entonces, se convierte en el mediador de las interacciones sociales, tergiversando a menudo los intereses (sobrios) de les individuxs y en muchos casos volviéndose una herramienta de manipulación. 

Los lubricantes sociales como el alcohol u otras sustancias para alterar la mente proporcionan una liberación temporal de la tensión y de los sentimientos del cautiverio de la represión emocional. Un sentido de la libertad distorsionado sigue a esta liberación; la libertad es concebida a través de las elecciones de cada une de consumir sustancias que alteran su mente junto con la libertad de cada une de comprarlas. Bajo el capitalismo, el acceso al alcohol, por ejemplo, está determinado por la edad. La edad se convierte en un identificador numérico para el privilegio; una distinción entre aquellxs que tienen la libertad de consumir y comprarlo y aquellxs que no pueden hacerlo legalmente. Esto materializa una jerarquía que privilegia a aquellxs socialmente reconocidxs como “adultxs” con el derecho a comprar y consumir alcohol. Aquellxs que no cumplen ese requisito de edad cargan con la burla social de ser “demasiado jóvenes” y por lo tanto son menospreciadxs en una sociedad capitalista dominada por el constructo social de la “adultez”. Esta jerarquía proporciona el envalentonamiento social y psicológico necesario para mantener el negocio con futurxs clientes; en teoría, la misma juventud que eventualmente entra en la edad adulta. 

Mi anarquismo straight-edge se posiciona contra la legitimidad asumida de la cultura de la intoxicación también como un marcador de un valor social basado en la edad. En la juventud hay anarquía en el valiente acto de convertirse en une individux no definidx por la cultura de la intoxicación. Para la juventud que rechaza asimilarla bajo la presión de grupo, hay anarquía en el incendio provocado en la jerarquía de valores sociales determinados por la cultura de la intoxicación. La anarquía comienza con el individuo, con la elección individual de conformarse con una cultura o desafiarla. El straight-edge es la negación individual de la cultura de la intoxicación, posicionándose por sí misma contra una sociedad de presión de grupo que ayuda al capitalismo en su búsqueda de beneficios a partir de las adicciones y del uso de sustancias. Desde esta perspectiva, mi straight-edge es un rechazo basado en mi juventud a ser asimilado en una madurez adulta definida por el derecho legal a consumir tóxicos. Desde un punto de vista anarquista, el straight-edge es una rebelión individual no gobernada por la cultura de la intoxicación. 

Como el plástico y los dispositivos tecnológicos que nos cautivan con adicciones a las altas tecnologías, la cultura de la intoxicación infunde la adicción a la muerte. Los efectos entumecedorxs de la realidad artificial que nos distrae con pantallas retroiluminadas se parecen a los de las drogas que producen realidades y percepciones artificiales temporales en las cuales perdernos. La destrucción ecológica causada por la extracción de materias primas para mantener la sociedad tecnoindustrial va en paralelo al agotamiento de los nutrientes del suelo y al uso químico de pesticidas, fertilizantes y reguladores de crecimiento para la agricultura del tabaco. La muerte de los ecosistemas es el resultado de mercantilizar una demanda popular creciente motivada por la adicción, ya sea a través de la deforestación o la minería extrayendo, refinando y purificando metales o petróleo para hacer funcionar dispositivos tecnológicos, o a través del fuerte consumo de energía y agua, la contaminación y los residuos sólidos o disueltos en el agua, subproductos y emisiones tóxicas para fabricar bebidas alcohólicas. 

La rendición del individuo a la homogenización del consumo tecnológico de masas comparte otro rasgo en común con la cultura de la intoxicación: la presión de grupo. Por ejemplo, con el fin de mantenerse comunicadxs con un círculo social de población general, ciertos dispositivos tecnológicos deben ser adquiridos y utilizados. Sin ellos, les individues cargan con el aislamiento social. El capitalismo requiere de la participación masiva con el fin de obtener el máximo beneficio posible con los productos vendidos, ya sean productos relacionados con la cultura de la intoxicación o con la tecnología. La sociedad tecnoindustrial que condiciona nuestras fijaciones con plásticos y dispositivos de alta tecnología está interconectada con la búsqueda capitalista de adicciones al mercado. Desde esta perspectiva, para mí el anarquismo straight-edge es un salvajismo hostil a las cualidades apaciguadoras de la adicción tecnológica, la intoxicación y el abuso de sustancias. 

Mi anarquía es un rechazo feral a una sociedad capitalista en su lecho de muerte en la que la vida es convertida en una cultura de espectáculos e imaginarios en alta definición mercantilizada para su consumo. Rechazo ser sometido por la llamada de nuevos gadgets e intoxicaciones, ambos elementos para la ingeniería social de las jerarquías del status de clase y popularidad. Más que buscar la vida pura en momentos temporales de escape, yo prefiero la vida pura encontrada en la rebelión permanente, la destrucción material del mundo capitalista de miseria que crea el deseo por el escapismo tóxico y tecnológico. 

Como anarquista, rechazo tranquilizar con la embriaguez el caos de mi placer. Exalto la vida con vehemencia contra las cualidades apaciguadoras de la marihuana, la cancerígena adicción al tabaco y la anestesia "coreccional" de la medicación psiquiátrica3 . Las realidades basadas en la intoxicación de la pobreza, la adicción y la muerte motivan mi deseo personal de permanecer sobrio y apoyando a aquellxs que luchan. Mientras exista, mi sobriedad se mantendrá como un arma contra el capitalismo, un arma que no puede ser confiscada por la conformidad social esencial para una cultura de la intoxicación. Hacia la revuelta individual y una práctica straight-edge anarquista, ¡straight-edge significa ataque!

"No es una idea nueva que nosotrxs, les que vivimos en una sociedad tecnológica y de masas, sufrimos adicción psicológica hacia máquinas específicas como coches, teléfonos y ordenadores, e incluso hacia la tecnología en sí misma. Pero la imagen es más grande y compleja." "Lo que estoy describiendo es un sistema social centrado en la tecnología y construido por el humano sobre los principios de la estandarización, la linealidad y la fragmentación, como una cadena de montaje que cumple cuotas de producción pero que no se preocupa en absoluto de las personas que operan en ella. Dentro de este sistema, la tecnología influye a la sociedad. La industria de la automoción reorganizó completamente la sociedad americana en el Siglo XX. Del mismo modo, las armas nucleares definen las políticas globales. Al mismo tiempo, la sociedad refleja el ethos tecnológico. La organización social de lugares de trabajo, así como también su arquitectura, reflejan los principios mecanicistas de la estandarización, la eficiencia y las cuotas de producción"
– Ambas citas extraídas del libro "Technological Addiction" de Chelis Glendinnin



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1. La versión original de este fanzine junto a otros materiales interesantes y aconsejados editados (en inglés) por Warzone están disponibles en: http://warzonedistro.noblogs.org/
2. Sobre la relación entre la "guerra contra las drogas" y la represión policial contra comunidades racializadas recomendamos el fanzine "Droga es Racismo: Recopilación de Textos de Personas No-Blancas Contra las Drogas" editado por nuestro colectivo en colaboración con la Distribuidora Peligrosidad Social (Madrid/Valencia, ya inactiva) y que se puede encontrar en PDF aquí: https://distripolaris.noblogs.org/files/2016/08/Droga-es-racismo.pdf Por nuestra parte, añadiríamos a la reflexión que creemos que los criterios no son sólo racistas sino también, evidentemente, de clase, pues ciertas drogas también se utilizaron históricamente (y se siguen utilizando) para criminalizar a la pobreza, fomentar el canibalismo social desestructurando sus comunidades, anular su capacidad organizativa y justificar un incremento de la represión y el control allá donde unas contradicciones más agudas hacían más patente el conflicto de clases.
3. Aquí creemos necesarios algunos matices. En el texto, se trata la medicación psiquiátrica en unos términos que no compartimos del todo, y si bien estamos de acuerdo en que los psicofármacos han sido y son usados con fines represivos y "correctivos" dentro de las instituciones del autodenominado "sistema de salud mental" y somos conscientes del hecho de que, en general, la industria farmacéutica no es más que un cruel negocio que trafica con nuestra salud y que a menudo lejos de facilitarnos remedios reales lo que hace es rentabilizar nuestro malestar y obstaculizar la búsqueda de un autoconocimiento de los cuerpos que nos permita cuidar nuestra salud de manera natural y horizontal, tampoco podemos obviar que hemos tenido personas en nuestro entorno cuyo sufrimiento psíquico era mucho más complejo que los análisis simplistas que se suelen contraponer desde la antipsiquiatría al discurso biomédico oficial, y que en determinados momentos encontraron una gran ayuda en la medicación. No pretendemos glorificar los psicofármacos, como decimos compartimos en gran medida la crítica que hace el texto y también sabemos que con frecuencia si una persona acaba recurriendo a la medicación psiquiátrica es porque no existe una red de cuidados lo suficientemente fuerte y capacitada para acompañar y tratar sus problemas sin necesidad de pastillas (y aquí también urge hacer autocrítica), pero pensamos que es el individuo sufriente quien en todo caso debe decidir si medicarse o no, porque es quien ha de convivir con lo que sucede en su cabeza, sin que juzguemos sus decisiones, sus límites o sus capacidades
Traducido y editado por Rechazo Distro


descargar texto de CrimethInc completo aquí : Fanzine

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